Archivo por meses: marzo 2014

La Caja de las Porquerías

cucharas copia

¡Hola de nuevo! Esto empieza a coger forma. La que se ha liado con la última entrada y la tristeza de Febrero y Noviembre. Me han salido amigos/seguidores con cumpleaños en esos meses, y yo sin enterarme, y sobre todo discrepantes con lo escrito. Eso es lo bonito del blog, que levante polémica, que recoja otras opiniones, que tenga vida. Veréis la que se lía cuando me meta con Agosto, el mes de los flojos por excelencia… «Leo, te recuerdo que tu íntimo amigo, Luiscumple años ese mes y su hija también, tu sabrás…»

Y para este mes, comienzo con la asignatura de «Educación para el Positivismo» y el primer tema básico y fundamental: Valorar lo que se tiene.

Para ser optimista y positivo, una persona debe saber valorar lo que tiene y no estar pendiente de lo que no tiene. Valorar lo cotidiano, pues esto solo se hace en los casos extremos, incluso de necesidad, cuando no se tiene, o de enfermedad y no nos paramos a pensar que lo que nos rodea puede ser la esencia de nuestra vida. Tanto cosas materiales como humanas. Eso es primordial, sin eso no podemos seguir a la siguiente lección. Si pensamos por un momento lo que tenemos, solo eso, seguro que se esbozará una sonrisa en nuestra cara y encontraremos motivos para ser felices y disfrutar la vida. Porque la vida en si, ya es un regalo.

Y para eso hay que tener sentimientos. Pero con eso solo no basta. Hay que sacarlos y hacer uso de estos sentimientos. Que nunca nos arrepintamos por no haberlo hecho. Una buena forma es utilizarlos con uno mismo y a partir de ahí con los demás.

Y con esto acaba la primera lección.

«¿Ya está, Leo?». Pues si, y si os parece poco, leer los dos párrafos anteriores varias veces. Y luego pensad, ¿conocéis alguien sin sentimientos, excesivamente frío, que sea positivo? Seguro que no. Y si conocéis a alguien así, seguro que dirá que es realista. ¿Realista? Lo que eres es un «sin alma», por no decir otra cosa… O bien cuestionaros, alguien que siempre está pensando en lo que no tiene, ¿como puede disfrutar? ¿Con que? Si es insaciable…

Y para acompañar esta lección, transcribo el relato de un amigo mío, que me parece muy apropiado para este tema.

La Caja de las Porquerías.

» El otro día, mi madre, haciendo limpieza y ordenando un armario de su casa, sacó una vieja caja llenas de cosas mías. Cuando fui a verla me dijo.  Hijo, ahí te dejo un caja con cosas tuyas que apareció el otro día en tu armario. Al verla, la reconocí al instante. Cuanto tiempo hacía que no la veía. Mi hija que estaba al lado mía, la abrió y al ver lo que contenía exclamó, ¡otra caja con porquerías!, ¿la pondrás con la que tienes en casa?. Yo la cerré rápidamente, algo molesto con el comentario, todo lo molesto que un padre puede estar con su hija de 12 años, claro está.

A la mañana siguiente, me fui a mi mesa y saqué la caja que tengo en casa y abrí la que me había traído de casa de mis padres, en esto entró mi hija y me dijo,  ¿que tienes en esas cajas?, yo la abrí el otro día y solo vi porquerías. Era la segunda vez que me lo decía en dos días, con lo que ya empezaba a mosquearme, así que le pedí que se sentara a mi lado, que se lo iba a enseñar y explicar lo que era.

Y con un sumo cuidado abrí las cajas para poner todas las cosas juntas y cuando sacaba algo se lo explicaba a mi hija.  Mira, aquí están algunas bolas con las que jugaba en los recreos del colegio, esa cuerda es la del trompo que tuve en cuarto, los tapones de refrescos con un papel descolorido, son los jugadores de mi equipo de chapas,  estas estampas son la de mi comunión y las de mis compañeros, algunos hace tiempo que nos los veo, otros ya no están aquí,  tragué saliva y seguí, estas hojas que ves aquí son las notas de BUP, mira como eran. En un rincón de la caja había una corbata, mi primera corbata. Al lado mi carnet de la biblioteca de la universidad, junto a un papel con la dirección de una calle del cementerio,  otra vez tragué saliva.  En la otra esquina de la caja una foto pequeña con una pareja muy joven, ¡a ver! Si sois Mama y tu, que chicos, dijo mi hija riéndose. Debajo una hojita doblada, el carnet del Betis del año 74 y dentro muchos carnets de años sucesivos, hasta la temporada pasada. Papa, ¿tantos años llevas? Me dijo mi hija. ¿lo has visto ganar alguna vez? Eso es una historia muy larga, le respondí.

 Seguimos sacando cosas que yo le describía, mi primera medalla de la Paz, el escudo del ejercito de tierra de un uniforme, una caja con pesetas de Franco, un billete de una peseta, me lo dio mi abuelo, y otro de 100 pesetas. ¡Estas son las famosas pesetas!, dijo mi hija, que raras. Una flor seca dentro de una tarjeta con un menú entre dos anillos entrelazados, y una fecha, 26 de abril del 97, vaya día bonito pensé, ¡ese día lo tiene Mamá grabado en su anillo!, me dijo mi hija. Y al lado una pequeña caja roja, al abrirla dos barritas blancas de plástico con unas líneas rosas en paralelo, dentro de una especie de pantallita. ¿Esto que es? Me pregunto mi hija. Pues uno es tuyo y otro de tu hermana, como esos dos pipos, esos mechones rubios y… Esos dientes, seguro que los dejó aquí el ratón Pérez. Mi hija se rió de forma socarrona.

 Pero en ese momento vi la cara de mi hija que se estaba iluminando. ¿Y esos libros que tienes ahí? Me preguntó, Son mis colecciones de sellos, esas que siempre que me quedaba sin dinero cuando era pequeño, pensaba en vender y que nunca lo hice, le conté. Empezó ya a reírse y me dijo, ¡ pues ahora con la crisis déjalos a mano, Papá!.

Estábamos llegando al final de la caja y aparecieron otras estampas de comunión, ¡si esta es la mía y la de mi hermana!, exclamó sobresaltada, y antes de que siguiera, se abrazó a mi y me susurró al oído, ¡Perdona Papa!, esto no son porquerías, estos son tus recuerdos. Yo voy a hacer la mía también.”

Y que verdad recoge esta historia. Cada vez que mi amigo abre esa caja, ve en ella los mejores tesoros que puede tener una persona. Por eso nunca vendió los sellos y seguramente no los venderá, porque tienen excesivo valor. Y lo mejor es que podrá seguir metiendo cosas en la caja, cualquiera que solo con verla le evoque miles de recuerdos y le esboce esa sonrisa de la hablaba en esta primera lección. Que pocas cosas son tan valiosas. Porque mi amigo, en su caja, no guarda porquerías, guarda una vida entera.