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¡Bienvenidos!

comunionHoy es día 25 de Mayo, día de publicación en el blog y estaba pensado, que tras las últimas entradas, podíamos darnos un descanso en las lecciones de positivismo, como unas mini vacaciones, y tratar otros temas, más cotidianos y de opinión. Y en esto me llega esta carta de un seguidor del blog, que creo que es muy actual y fresca. Así que he decidido que sea la entrada del mes. Disfrutarla.

“Hola Leo, estamos en el mes de Mayo, mes de la Virgen, de las madres, como decías en tu última entrada, pero también el mes de las Comuniones. Y ayer estuve INVITADO en una.

Y pongo INVITADO en mayúsculas, porque ¿a cuantas comuniones vamos y a cuantas estamos invitados? Y la diferencia es muy sencilla, a una comunión se va cuando llegas a la celebración y te INVITAN cuando puedes ir a la ceremonia, a la esencia y verdadera razón de ser de la primera comunión. Es como si te invitan a comer y te dicen que vayas al postre, pues no es lo mismo. Y la culpa no es de los que la hacen, es de esta sociedad en la que vivimos, que cada vez pierde más su esencia, para centrarse en lo artificial.

Recuerdo hace unos años, bastantes, una chirigota de Cádiz se presentó un año llamándose “El crimen del mes de Mayo” , todos vestidos de primera comunión. Pues con el tiempo se está convirtiendo en realidad.

Pero vuelvo al tema, en los últimos años solo he estado INVITADO en tres. Las dos de mis hijas y la de ayer, que era de mi ahijado. Quizás esa la he vivido de forma muy diferente. Las de mis hijas, desde el primer banco, con los nervios de la previa, participando en alguna petición y con una emoción muy a flor de piel. Esa que no te deja disfrutarlo todo y verlo con claridad.

La de ayer la viví desde esa segunda línea, de pié en un lado de la iglesia, con la que se gana perspectiva y se ve todo de otra forma.

Lo primero era la entrada, el números cláusulus de entrada a la iglesia, que contribuye a que no se pueda INVITAR a más personas. Solo 12 por familia de niño. Cual 12 apóstoles, que debemos transmitir al resto, lo que allí se vive, lo que pasa y como pasa. Y en eso estoy, cumpliendo mi misión.

La previa, alegre. Todos, niños, padres y “elegidos” haciéndose fotos, repartiendo saludos y sonrisas de oreja a oreja. Esa sonrisa, tensa, pero sonrisa. Hasta que llegó la hora. ¡Niños para dentro!.

De pronto entras en la iglesia y aparecen los niños, auténticos protagonistas, todos en fila, manos juntas a la altura de la cara y ocupan sus asientos en el altar. Ellas de blanco, como pequeñas novias. Ellos de chaqueta, elegantes, todos iguales. Se saben protagonistas y están nerviosos. Los observas y sus caras lo demuestran, Muecas con la boca, buscando con la mirada a alguien , algún gesto con las manos e incluso algún bostezo, pero no de aburrimiento, sino de sueño, ¡Que poco habrán dormido ese día!

En las primeras filas, por parejas, los padres. ¡Hay esos padres! Ojos vidriosos, brillantes, inundados de lágrimas de emoción, de alegría. Ellos trajeados. Ellas estrenando vestidos y guapas, las madres siempre son guapas. Por debajo de la ropa, seguro, piel de gallina, y vellos de punta. Y un pensamiento. “parece que fue ayer cuando nuestro hijo nació y mira…” es como una reafirmación de nuestra labor como padres, hemos alcanzado una meta más…

De fondo, pero en papel principal, la ceremonia. Ese día nuestros hijos, porque nosotros lo queremos, reciben a Cristo por primera vez. Ya formaban parte de una comunidad católica desde su bautismo, pero hoy dan un nuevo paso, casi alcanzando una primera mayoría de edad… y eso nos lleva a los padres a una sensación mezcla de plenitud y melancolía, que hace que la lágrima ya esté a la altura del pómulo tras haber bajado por la nariz. Desde esa segunda fila se puede observar esos primeros bancos, con los pañuelos y ese dedo en el ojo, como quitando una mota, pero no para que no se nos vea la lágrima, es para no perdernos un detalle.

Y en esos padres está, no solo que sea su primera comunión. Sino que sea la primera de muchas más. Ya sin tanto boato, sin protagonismo ni celebración. Ya solo para celebrarlo desde dentro de cada uno y para cada uno. Y eso los niños empezarán a vivirlo en una semana, el próximo Domingo, seguro.

Llega el momento. Los niños reciben el cuerpo de Cristo y se acabaron las muecas, gestos o bostezos. Se dan cuenta. Durante un momento se olvidan de la celebración de después o de los regalos que esperan. Empiezan a sentir. Ese día ellos se convierten en “personitas”. Es un primer paso de muchos más…

Tras esa aureola que rodea a niños y padres, estamos los INVITADOS. Unos privilegiados que podemos vivirlo y contarlo. Algunos recordamos que eso lo vivimos con nuestros hijos. Pero ahora percibimos cosas que ese día se nos escaparon, aunque las vivimos. Que honor estar INVITADO.

Y, como una señal del destino, el nombre de la iglesia no puede ser más apropiado. El Buen Pastor. Porque sin duda ese PASTOR dio ayer la Bienvenida a un nuevo “rebaño” de jóvenes cristianos en la tierra.

Y algunos estábamos allí como testigos de esa Bienvenida. ¡Que Gran día!

Estoy seguro que eso no solo se vivió allí, sino en otras iglesias y con otros protagonistas, y esa es la grandeza de la Primera Comunión.

Lo que viene después, y eso si que es cosa de los padres y de esta sociedad, es y debe ser algo secundario, que acompaña al momento más importante en la vida de esas personitas de solo 8-9 años.

¡Bienvenidos a todos, al mundo de los “mayores”!