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¡Ya está aquí!

MARTI

Sólo el ruido de la lluvia sobre la ventana, rompía el silencio de la noche. De pronto una mano tocó mi pie. ¡Creo que ya está aquí, despierta a la niña y vámonos! Escuché, con una voz entrecortada. Me levanté de un salto y la observé al borde de la cama, con la mano en el bajo vientre, con la cara mitad de alegría, mitad de sufrimiento.

En menos de cinco minutos, mi mujer, mi hija y yo, estábamos en el coche. Levantar a la niña, de 3 años, fue hasta fácil. Me acerqué a su cama y le toqué la carita ¡Venga que ya está aquí. No te vistas, en pijama vas bien, no hay tiempo! Y antes de salir de su habitación ya estaba detrás mía andando con un osito de peluche blanco en sus manos. Con solo 3 años, entendía lo que pasaba y no se lo tuve que decir más veces, la miré, su pelito rubio sobre la cara y me lanzó una sonrisa que aún tengo grabada en mi memoria. Como casi todas las imágenes de ese día.

Las calles estaban vacías, era sábado y estaba empezando a amanecer, no había luz por la lluvia que aún caía. A pesar de la lluvia era Agosto… Llegamos a nuestro destino en otros cinco minutos. Paré el coche y bajamos hacia el interior de esa casa grande con nombre de Virgen. Hacía 3 años que no iba por allí. La monja de la entrada nos acompañó a una habitación y, al instante, entró una señora mayor, vestida de blanco. ¡prepárense, nos vamos para abajo!

Y abajo, el sitio era frío, muy frío. Una mesa alta y varias pantallas rodeaban la habitación, con una luz intensa que lo hacía aún más gélido. La señora me dijo, ¿usted se queda? A lo que solo le pude decir que no, con un movimiento de cabeza y mirando a la niña de 3 años. Ella lo entendió sin decir nada. En ese momento la niña le dio a la señora un pequeño paquete que había traído de la habitación. Besó a su madre y me dio la mano. Yo le di un beso a mi mujer y nos miramos. No hizo falta decir nada. Era un simple hasta pronto.

La sonrisa pícara, de la niña de 3 años, era para enmarcar. En pijama, desayunando en un bar. Unos señores en una esquina nos miraban y sonreían, el sitio y la hora no ofrecía duda de lo que pasaba. Al salir, el olor a tierra mojada era muy intenso y no hacía calor, a pesar que el sol ya estaba en todo lo alto. La lluvia de agosto es así, humedece y refresca una tierra muy castigada por el sol. Volvíamos a la casa y  la niña me dijo ¿y ahora que hacemos, papa? Pues esperar en la habitación.

Pasó muy poco tiempo, cuando sonó el teléfono de la mesita de noche. ¡bajen que ya está aquí, todo ha ido bien! La niña de 3 años, cogió el osito de peluche blanco que había traído y me dio la mano. Aún recuerdo nuestras sonrisas y la expresión de felicidad de los dos, reflejadas en el espejo del ascensor. Al abrirse la puerta del mismo, la monja de la entrada nos dijo ¡esperen un momento!

Ese momento duró menos de un minuto, pero la sonrisa floja de la niña de 3 años pareció durar horas, hasta que se abrió la puerta y allí estaba. La señora de blanco traía en sus manos una muñeca de pelo rubio. ¡AQUÍ ESTÁ TU NUEVA HERMANA! La niña, que de golpe se había convertido en la hermana mayor, se quedó con la boca abierta y sin decir nada. La señora del vestido blanco solo dijo ¡quien la coge! Entonces le puse la mano en el hombro a la niña mayor y le dije, ¡cógela tu. Que seas la primera en tenerla en brazos, esa es tu hermana!

Que pena que entonces no se hicieran fotos con el móvil, ni selfies. Pues la imagen del ascensor de subida, la niña comiéndose a besos a su hermana, que ya tenía el osito blanco en la toquilla y los dos riéndonos y haciendo gestos como si el Betis hubiera macado un gol, eran para subirlo al whatsapp.

En la habitación la tumbamos en la cama y nos pusimos a jugar con el “nuevo juguete” de la casa. Nos cogía el dedo con sus manitas y se lo llevaba a la boca ¡tiene hambre, Papá! Me decía la niña, ya sus 3 años habían aumentado, ya era mayor. ¡le voy a dar ese biberón, es como una de mis muñecas!. En esto se abrió la puerta y un señor con una bata verde entró. Traía a la madre en una cama, tumbada, cansada, pero con la felicidad en la cara. Al momento estábamos los cuatro en su cama. Dándonos besos y riéndonos. ¡que guapa es, quiero que se llame Marta! Decía la niña mayor. ¡que momento para un selfie! Si bien está guardado en lo más profundo de mi memoria. Aún puedo ver esas caras.

Mi mujer, nos decía ¡hay que ver la niña, lo primero que ha hecho es hacerse pipí encima mía, y cuando le he dicho a la matrona que se llamará Marta, me ha dicho que cuidado con las Martas, ¿será una premonición?” Pasado el tiempo, podemos decir que es cierto, que el inicio marca el camino…

Había llegado el momento de llamar a todos, son las 9 de la mañana y ya estarán despiertos. La primera llamada fue igual que la última. ¡ Hola buenos días, Marta ya está aquí, todo ha ido bien, estamos en Fátima!

Era 25 de Agosto de 2001. Hoy hace 13 años de esto y Marta es de esas niñas que cuando llega a un sitio se puede decir ¡ya está aquí! Siempre alegre, siempre inventando, de las de tener cuidado. Pero a la vez cariñosa, familiar, coqueta, callejera y con una personalidad, adelantada a su edad.

 Coger de estos 13 años algo, es imposible, solo puede decir que su osito blanco, el que le dio su hermana, que fue el que también recibió ella cuando nació, está ahora en esa “caja de las porquerías” que tenemos en casa.

Leo, te escribo esto porque es lo que me ha salido hoy de dentro de mi corazón, que no de la mano y se que publicas hoy. Por si te gusta. Gracias”

 

Cuando he abierto hoy mi ordenador para escribir la entrada del mes, me he encontrado esto de mi amigo Luis. Y me parece una buena entrada para este 25 de Agosto. Pero no solo para felicitar a su hija Marta, sino porque la veo como una felicitación de cualquier Padre, a cualquier Hijo. Que mejor regalo que haberle dado la vida y recordarlo para siempre. Seguro que en estos 13 años le habrá reñido o se habrá cabreado con ella, pero de eso ni se acuerda. Y este blog es para eso. Para compartir, ayudar a transmitir positividad a todos y, sobre todo, estar feliz con lo que se tiene y se es.

¡Hasta Pronto!

P.D. del autor.

Siendo Agosto, hay muchos otros temas posibles para un blog positivo como este. De hecho, he vuelto de una semana en un playa de la costa gaditana, con nombre Grande, rodeado de gente maravillosa y que dan materias para no uno, sino varios blogs. Desde paseos en el nuevo “Barco del amor”, hasta veladas inolvidables recordando a los Beatles, ahora de Utrera, e incluso asistir en directo a la reedición del pasaje de “Los panes y los peces”. Pero me consta que otro bloguero afincado por esos lares , seguidor de éste y que regala su alegría, las hará. Y entre “hermanos” pues no está bien pisar los temas. Solo digo que estéis muy atentos…