Archivo por meses: septiembre 2014

Propósito de Septiembre

Septiembre retocado

Septiembre es el mes del volver a empezar, por excelencia. Si alguna vez identificáramos el inicio del año, este podría coincidir con el 1 de Septiembre. Es el mes de la vuelta a la normalidad, tras unos meses estivales y con alguna vacación, que se hacen alegres y siempre cortas. Luego, pues volvemos al trabajo, al colegio, a la rutina y ¡oh! Sorpresa, llenos de nuevos propósitos.

En la medida que el verano nos lo ha permitido, nos hemos excedido en casi todo y llega el momento de la verdad. Ese día en el que nos enfrentamos a la ropa de faena y ante nuestra sorpresa… no nos cabe. Nos encaminamos hacia ese objeto maldito: La báscula. Sudor frío en las manos, tiemble de piernas, remordimiento general, temor a lo que diga el aparato y… ¡no puede ser!, este año he puesto X Kg. Lo digo en X de incógnita, porque eso es Top Secret, se nota, pero no se dice. Hoy las mujeres es más fácil que te digan la edad, que su peso, pero es que los hombres también. Haced la prueba.

Entonces llega el primer propósito de septiembre, ¡Adelgazar!. Lo de dejar de fumar lo he intentado varios años y en navidad me enciendo un cigarro. Incluso hay gente que ya lo ha conseguido. Lo del Inglés, pues casi igual. Y de los coleccionables, no hablamos.

¡Todos a régimen!, como si de un nuevo local de moda se tratara. Los hay diversos, pero como no soy nutricionista no los enjuicio. Si que me sorprende aquellos en los que “puedes comer de todo”, pero eso si, el café con sacarina. Y la copa con coca cola light. Y el pan, solo con aceite, para no engordar. A lo que se consigue con eso, es lo que unos amigos del blog llaman “Delgadito temporal” extraordinario nombre, que resume a las claras lo que se consigue.

Pero, y lo que se ríe uno con los excesos. Quizás no hayamos caído en la cuenta de algo que está detrás de nuestro ensanche estival (palabra más bonita que decir el engorde). La primera reflexión que nos debemos hacer es que, a ciertas edades ya solo se puede crecer a lo ancho, no a lo alto. Además ¿Que lo motiva? Esas reuniones con amigos, familia, un día si y otro también, a mediodía y por la noche. Que hay días solo paras para echarte una siesta, quemando grasa. Largas conversaciones, risas, una tapa, un copa, otra tapa, y así nos llenamos por dentro, pero doblemente. Si doblemente y no de dos tallas, sino porque no solo ponemos peso, ganamos espíritu.

Esos momentos son los que le llenan a uno la vida de experiencias, de “no rutinas”, de olvidar el reloj, no de estres. Son la gasolina del espíritu, que hace que veas las cosas de otro modo, con perspectiva dicen algunos, relativizando dicen otros, y porque no, puede ser tan simple pero efectiva: vemos lo importante de la vida. La cercanía, el calor humano, la amistad, la familia y en definitiva el camino a la felicidad.

Eso a algunas personas le supone poner peso y llega septiembre y se lo quieren quitar y de pronto, alguno se mustia, se apaga, se deprime. Le falta vida. “no salgo, estoy a régimen,” craso error. Sal y come menos, nada más. Pero no adelgaces tu espíritu, para ver lo aspectos favorables de la vida y ser positivo, es necesario ese calor humano, ese contacto, ese llenar tu espíritu.

Y si te excedes, pues piensa que debes intentar no hacerlo, pero no te fustiges.

Había civilizaciones antiguas que identificaban el peso con la felicidad, no hace falta que lleguemos a eso, pero a veces puede parecerlo. Y si estamos algo gorditos, pues por lo menos lo admitimos y nos reímos de nosotros mismos, primer principio del positivismo aplicado a al vida.

Es final de Septiembre. Algunos ya habrán perdido lo que pensaban. Otros lo habrán dejado. Pero lo importante es que nadie hay adelgazado su espíritu, ni se lo proponga.