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¿Que quieres ser de mayor?

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¡Hola de nuevo!

Muchos de vosotros me habéis enviado mensajes preguntando que le pasaba a Leo que no escribía. Tranquilos, solo ha sido un parón en Noviembre, motivado por otras ocupaciones, pero también para retomar estos artículos con más fuerza. Una especie de “hibernación” para orientar elsiglo22.com.

Tengo que dar las GRACIAS a los seguidores del blog, pues además de enviar mensajes de ánimo y comentarios, se están animando a enviar sus historias, reflejadas en las entradas, con lo cual el blog se enriquece, se hace más participativo y, porque no decirlo, el trabajo se simplifica.

Para esta entrada, en pleno corazón de las Navidades, he escogido una historia real de una seguidora del Blog, que aunque no tiene mucha edad, si tiene mucho fondo. Espero que os guste.

“Su cara redonda y sus rizos rubios, sobresalían de los barrotes fríos del patio, mientras sus pequeñas manitas se agarraban a ellos fuertemente. En sus celestes ojos se reflejaba la cabellera morena de esa niña mayor, que caminaba despacio, hacia esa puerta a lo lejos. Estaba sentada en el filo de un escalón, desde donde crecían esas barras que delimitan el parque infantil, del parque “de los mayores”. En su colegio, aún se mantenía la tradición de tener a los niños de menos de 5 años en un parque acotado, para que sus travesuras estén controladas.

Todos los días, la pequeña niña rubia de 4 años se acercaba a la “reja” como ella la llamaba y esperaba. A los pocos minutos venía la niña mayor. Morena con ojos negros, no tendrá más de 12 años y siempre se repetía el mismo ritual. ¿Hola como estás? dame un beso. ¿qué has hecho hoy? ¿Te lo pasas bien? Y si era lunes ¿qué tal el fin de semana?. Las dos niñas hablaban de sus cosas y se intercambiaban sus confidencias, hasta que una sirena sonaba. El recreo se acababa. Otro beso y un hasta mañana era lo último que se decían. La niña mayor tomaba el camino de su clase y la pequeña la seguía con la mirada hasta que se perdía. Entonces se levantaba y se iba a su clase con su “profe”.

Era una especie de ritual de dos “amigas” que no sabían ni sus nombres. Solo sabían que en el recreo, en vez de jugar con sus compañeros, ellas iban a verse y a contarse cosas.

Un día, a la niña pequeña se le borró la sonrisa. Después de estar todo el recreo en la reja, la niña mayor no vino. ¿ya no querrá ser mi amiga? ¿por qué? ¿tendrá otras amigas? Eran las preguntas que ella se hacía. Una niña de 4 años nunca puede pensar en otra cosa, su mente está tan limpia que no cabe nada más. Se tomó ese “desayuno” que su madre le preparaba todas las mañanas y cuando sonó la sirena se fue a su clase. Mirando siempre para atrás ¿qué habrá pasado?.

Esto mismo pasó al día siguiente, al siguiente y al otro. La carita redonda con rizos rubios se quedó sin sonrisa y se le deslizó una lágrima por su carita. Pero nunca perdió la esperanza. Seguro que volverá, se decía siempre.

Y así fue, al quinto día de seguir en la reja, la niña morena apareció de nuevo. ¡hola! De pronto la sonrisa volvió a esa carita de Ángel ¿qué te ha pasado? Nada, solo que he estado de exámenes toda la semana y no podía venir. ¿qué son exámenes? Le preguntó la pequeña. Ese día las dos hablaron sobre eso, de que es estudiar y de lo que le esperaba a la pequeña. Hasta que sonó la sirena.

Entonces la niña mayor se despidió con otro beso y le dijo que no podría volver la siguiente semana, tenía más exámenes , pero que volvería la otra. Y así fue durante todo el curso.

La niña pequeña, la veía como se iba corriendo hasta su clase y su pensamiento solo fue uno. ¡Que rollo ser mayor!. Yo no quiero serlo, yo siempre quiero ser pequeña y estar a este lado de la reja. Le dio el último bocado a su desayuno y se fue para su clase a disfrutar con sus compañeros.”

En una época del año como en la que estamos, todos tenemos recuerdos de nuestra infancia, de nuestras Navidades cuando éramos pequeños. Volvemos a ver a las personas que ya no están, siempre hay alguna… Esas cenas y comidas con la familia, que entones disfrutábamos como niños. Soñamos con esa noche de Reyes mágica y con ese regalo, que nunca se nos borró de la cabeza. Como adornábamos nuestra casa, su portal de Belén, el árbol, o esas guirnaldas de colores que se pegaban en el chaleco. Y las vacaciones de Navidad, ese respiro en invierno, para salir a la calle con bufanda y abrigado. Si cerramos los ojos, lo vemos ¿Verdad?

Hay quien me dijo una vez, que la diferencia entre un niño y un hombre es solo el precio de sus juguetes… ¡Que verdad!. Tan verdad como esa historia de esas dos niñas que nunca más se vieron tras ese curso y no se saben ni sus nombres. Y tan verdad como el pensamiento de la pequeña, la que me ha traslado la historia. ¿Qué quieres ser de mayor? Simplemente no quiero…