Un Paseo por las Nubes

“Mientras más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”. La primera vez que escuché esta frase, atribuida a Lord Byron, me pareció un insulto al género humano, si bien dicha en un contexto determinado, se entendía como una forma de resaltar algunos defectos humanos y ensalzar la raza canina.

He de confesar que nunca he sido un amante de los perros. Nunca había tenido uno, ni entendía de perros, ni de su crianza, ni mucho menos de su mentalidad. Pero hace 9 años, mis hijas me pidieron uno, con la condescendencia de mi mujer. En casa somos 4 y tres son mujeres, así que aunque me negué en rotundo, lo que hice fue comprarme un libro, su título: “Como educar a su perro” y al año tuve que ir a recogerlo…

Los primeros tiempos fueron… difíciles, por llamarlo de alguna forma suave. Desde los llantos de las primeras noches-madrugadas, que te hacían levantarte y darle el biberón, volviendo a recordar otras noches similares de mis hijas, hasta el temor a que lo robaran o que se ahogara en la piscina, que me llevó a hacerle un cercado de madera solo para él. Yo, que lo mas grande que había hecho de madera era un barco de palillos de dientes, cuando usaba pantalón corto, hace ya ….

Un día al salir de casa vi al perro en la puerta, corriendo hacia dentro. ¿el cercado abierto? Lo vuelvo a meter y antes de girarme, lo veo trepar y salirse. Había pasado un mes desde mi gran obra y… ya no servía para nada.

Más adelante, al llegar a casa, comprobamos como la parte delantera de ésta estaba totalmente llena de algo blanco, como si hubiera nevado. El perro estaba encima de esos “copos de nieve”, mirándonos fijamente. Era el relleno de un sofá que teníamos detrás. Al sofá le siguió un abeto que plantamos en la entrada y decorábamos todos los años por Navidad, ¡parece que no le gustaba!. Después fueron todas las luces del jardín, ¡querría intimidad!. En poco tiempo rediseñó el jardín, para alegría del jardinero. Después se ensañó con las bicis de la familia e invitados. Los sillones eran su debilidad, incluso los frenos o las ruedas. Todas acabaron en el cercado del perro, cerrado con un candado, menos mal que le busqué una utilidad a mi obra maestra…

A medida que pasaba el tiempo, la travesura era más grande, la bronca al perro en su justa medida y la obediencia hacia mí se incrementaba. Llegó un día que me obedeció y me hizo caso… ¡Al fin alguien lo hace!, pensé.

El seguía a lo suyo. Zapato o prenda de ropa que veía, a por ella, menos las mías. Todos los días me recibía y me pedía su paseo diario. Al principio él me paseaba a mí, con el tiempo, logré que fuera al lado mío. De vez en cuando se escapaba y cuando veía que estabas detrás, más corría y yo detrás… Durante más de 4 años, tuve que dejar el coche en la calle, pues o se escapaba cuando entraba, o lo que es peor se subía al coche y lo rayaba ¿y si le gustaban mis ruedas como las de las bicis? El coche no cabía en el cercado, así que a la calle…

Y luego estaban los ladridos. Casi siempre a media noche… ladrido de gato, de lagartija, de contestación a otro perro, de alerta, de yo que sé… era como si te ladrara al oído en el silencio de la noche, a levantarse y ver que pasaba. Todavía recordamos la noche del gato subido en el limonero…. Eso da para una entrada sola.

Un día estaba en la cocina y escuché un ladrido seco, repetido y muy grave. Uno nuevo. Salí y lo vi rodeando la piscina, era su piscina pues era de baño diario, pero cuando lo hacíamos nosotros, él se quedaba fuera. Ese día una de mis hijas estaba bañándose y cada vez que se sumergía y buceaba, el perro emitía ese sonido nuevo… ¡la estaba vigilando!. Le dije a mi hija que aguantara un poco más y… ¡el perro se tiró por ella a salvarla!. Ahora fui yo el que dije, ¡Guau!

Y así transcurrieron los años, cada vez menos travieso, mas cariñoso y con más detalles. Te recibía todos los días al llegar, conocía perfectamente el ruido de los motores de los coches, en cuanto girabas la esquina, corría a la puerta. Por las mañanas tan solo bajar la escalera, ya estaba aporreando la puerta de la cocina para que le abrieras y le dieras algo. Y los fines de semana, si tardabas algo más en bajar, llamaba a la puerta para despertarte, por si te habías dormido. Siempre me despedía en la puerta del coche, menos cuando salía de noche o muy temprano, entonces desde su casa, como diciendo el madrugón es para tí…. Y cuando veía encender la barbacoa se sentaba delante, como vigilando el fuego, nunca lo tocaba, sabía que ese día comía otra cosa.

Este verano empezó a dar muestras de agotamiento, de cansancio, algo muy raro. Después de hacerle mil pruebas, no se sabía que le pasaba, el último mes y medio no se podía levantar, andaba a rastras, era un perro-morsa. Y en este tiempo le hemos dejado dormir dentro de casa, por primera vez desde que le hice el cercado… Como lloraba y se arrastraba cada vez que quería salir de casa para hacer sus cosas, dentro nunca. Todas las noches, antes de subir a dormir, me sentaba con él, a tocarlo, acariciarlo y convencerlo de que tenía que ponerse mejor. La última semana logré levantarlo y que diera conmigo vueltas a la casa. Poco a poco.

Tras las últimas dos vueltas del miércoles, se metió en casa y se tumbó. No se podría mover, le dolía todo. El jueves viendo que no reaccionaba, lo llevamos a su veterinario. A una hija mía y a mi, nos costó un gran esfuerzo subirlo al coche, aún pesaba bastante. Había que hacerle una prueba al día siguiente, así que se tenia que quedar. Cuando nos íbamos, me volví y lo vi en la camilla, incorporado y con la cabeza torcida, mirándonos de una forma muy especial, una mirada para no olvidarla era lo más que se había movido en dos días. Mi hija también se dio cuenta. “Papa te has dado cuenta de cómo nos ha mirado”.  

A la mañana siguiente, decidió escaparse una vez más, esta vez para dar un paso solo, seguramente por las nubes, entonces entendí su mirada del día anterior y el esfuerzo que hizo por dedicarla. Era su despedida…

Quizás ahora entienda más esa frase del principio, o le de otro sentido, pero como una forma de ensalzar a los perros, no de denigrar al hombre y sin entrar en polémicas. Nunca pensé que escribiría una entrada del blog a mi perro, tampoco pensé en tener perro, la verdad. “Quien me ha visto…”. Pero creo que si alguien es capaz hacer cambiar de opinión a una persona, de hacerle evolucionar y de enseñarle nuevas cosas, eso es sin duda una de las lecciones y los fines del positivismo y, por tanto, merece una entrada aunque sea un animal, un perro en este caso.

Y además, mis sentimientos me lo piden. ¡Gracias Pipo! Hasta siempre… y buen paseo por las nubes.

pipo-1

7 comentarios en “Un Paseo por las Nubes

  1. Mjosedelviejo

    Lo.mejor de cualquier relcion es los sentimientos pars bien o para,mal…y lo mejor de todo q toda relación con esfuerzo,respeto,empatía y ya con su dosis de amor es para toda la vida o al menos te hará pensar en lo importante que es no perderla…

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  2. Trini

    Precioso post. He visto ese cambio de opinión en muchas personas cuando han convivido con un perro. Y es que entra en la familia casi como un hijo más (sin entrar en polémicas tampoco). Siento mucho la pérdida de PIPO. Tienen la vida cortita y dejan mucha huella. Un abrazo.

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  3. Conchi

    Muy emotivo.
    He de reconocer que leyendo la publicación alguna que otra sonrisa se ha reflejado en mi cara, con todas las travesuras que nos cuentas, y sin duda algo de tristeza por el desenlace.
    Me identifico con tu opinión de hace nueve años, los perros no son lo mio, y en casa por ahora somos dos hombres y yo, claro está que gano por mayoría….
    Ánimo a los cuatro.

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  4. Marta Rozados

    Estoy segura de que lo volveremos a pasear juntos, y que lo encontraremos por allí igual que se fue, pero ya mejor, porque estoy convencida de que solo muere quien se olvida y él estará siempre en casa con nosotros.

    Aquella mirada de la que hablas fue su último esfuerzo, su última mirada, su último paseo por aquí, porque ya su misión la había hecho y ahora es él el que tiene que cuidarnos desde allá donde esté… cazando lagartijas seguro!!

    Preciosa entrada Papa! Y gracias a él por todos los momentos positivos que nos ha dado!

    Hasta siempre compañero!

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  5. José Luis

    Pobrecillo Pipo. Esa ultima mirada suya no la olvidareis nunca. Os enviaba con ella toda la ternura y el cariño que os tenía. Es una lastima que estos animales nos dejen.
    Deseo y confio que allá en su nuevo domicilio no pare de jugar y disfrutar con sus lagartijillas y con sus nuevos amigos.
    Otro fuerte abrazo

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